

En los últimos años se ha hecho una progresiva difusión del concepto y beneficios de la denominada ciencia del “Mindfulness”. Mucho antes que este conocimiento empezara a difundirse en nuestro mundo occidental, algunas personas ya tuvieron la sabiduría de incorporar a su personalidad muchas de las bases de esta filosofía de vida.
El caso del psiquiatra y periodista estadounidense Charles Krauthammer, ganador de un premio Pulitzer, es un ejemplo paradigmático. Este hombre presentó una charla magistral hace unos años en un congreso internacional en los Estados Unidos sobre la especialidad médica de Rehabilitación. Hablaba en este foro debido a la desgracia de haber sufrido una fractura de la columna cervical cuando empezaba sus estudios de Medicina, al tirarse hacia una piscina con poca profundidad.
Ya a la etapa final de su vida quería explicar en un escenario idóneo qué herramientas le habían resultado útiles para superar el infortunio, acabar la carrera de Medicina, hacerse Psiquiatra y además, disfrutar de un gran éxito profesional también como periodista y analista político. La tragedia es fácilmente comprensible para todo el mundo: un joven inteligente, en la flor de la vida, condenado a la invalidez a la haber quedado tetrapléjico de forma accidental.
Hay que situar este accidente hace más de 4 décadas, cuando la Rehabilitación igual que otras ramas de la Medicina estaba simplemente en sus inicios incluso en un país avanzado como los Estados Unidos. En la sala de conferencias estaba presente otro médico, el chico que años atrás le había salvado la vida al sacarlo del agua antes que muriera ahogado. Le agradeció públicamente este hecho, porque a pesar de la desesperación inicial y los sufrimientos derivados de la tetraplejia, el Dr. Krauthammer, sentado en su silla de ruedas especialmente diseñada para personas tetrapléjicas, manifestó que había sido y seguía siendo un hombre feliz.
La escena ponía la piel de gallina. Resumo sus reflexiones para ayudar a aquellos que se encuentren en situaciones parecidas:
1.- Cuando nos sucede alguna desgracia, la reacción inmediata suele ser preguntarnos: ¿Por qué a mí? En realidad el pensamiento lógico y racional es el contrario: ¿Por qué no a mí?
Somos seres humanos igual que el resto y nada nos garantiza poder evitar siempre la adversidad. Ser conscientes de nuestra futilidad nos ayuda a entender muchas cosas. Sobre todo nuestra vulnerabilidad, que es la misma que la de cualquier persona de nuestro entorno.
2.- No dar falsas esperanzas. El primer paso para transformar el dolor insufrible en algo más tolerable es precisamente la aceptación de la realidad, por dolorosa que sea.
El Dr. Krauthammer se lamentaba que durante mucho tiempo nadie de su entorno familiar ni médico tuvo el valor de decirle que nunca recuperaría la funcionalidad de sus extremidades y que la espera para notar alguna pequeña mejora lo mortificó durante años.
3.- No forzar a hablar a la persona afectada sobre aquello que le ha causado tanto dolor. El proceso de aceptación es bastante duro por sí solo, como porque alguien, aunque sea de buena fe, nos haga rememorar el sufrimiento una vez hemos conseguido “fluir” y dejar atrás lo que ha sucedido.
4.- Nunca quedarse inactivo. La carencia de actividad es la mejor aliada de la “cavilación” tóxica.
¡No es posible “fluir” si nos quedamos sin hacer nada!
El Dr. Krauthammer nos ha enseñado que es posible ser feliz a pesar de una tragedia de tal magnitud. ¡Qué gran lección para todas aquellas personas, como yo mismo, que a veces nos ahogamos en un simple vaso de agua!