

Los coronavirus son una familia de virus que pueden causar enfermedades tanto en animales como en humanos. En personas, causan infecciones respiratorias que pueden ir desde el resfriado hasta enfermedades más graves como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) o el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS). El coronavirus que se ha descubierto más recientemente causa la enfermedad por coronavirus COVID-19. Antes del primer brote en Wuhan (China), en diciembre de 2019, tanto el virus como la enfermedad que provoca el coronavirus COVID-19 eran desconocidos1.
Actualmente los contagios de COVID-19 declarados en todo el mundo superan los 44 millones, mientras que los fallecimientos sobrepasan los 1,1 millones, según los datos que recopila la Universidad Johns Hopkins (datos de octubre de 2020)2. La COVID-19 está presente hoy en 213 países, prácticamente todos los del planeta, por lo que hallar una vacuna se ha convertido en una cuestión de máxima prioridad.
Los expertos creen ampliamente que la normalidad prepandémica nunca volverá a ser la misma hasta que se disponga de una estrategia de vacunación eficaz y de un programa mundial de vacunación implementado con éxito3. Científicos de todos los continentes trabajan contra reloj desde el inicio de esta emergencia sanitaria para desarrollar una vacuna que impida el progreso de la enfermedad.
El mundo moderno se enfrenta en ese momento a la segunda ola de una abrumadora pandemia, a la que hay que añadir la epidemia simultánea de gripe estacional. Ante la incertidumbre actual, la inmunización contra la gripe debe considerarse una herramienta preventiva fundamental para preservar la salud. El objetivo de la vacunación antigripal es reducir el riesgo de complicaciones de la gripe para la salud de las personas y también la sobrecarga del sistema -en estos momentos se encuentra abocado a la atención de pacientes con la COVID-19-, evitando consultas en los centros de atención primaria y menos ingresos hospitalarios.
El periodo ideal para vacunarse contra la gripe son los meses de octubre y noviembre, antes de que llegue el invierno, siendo el efecto de la vacuna antigripal de un año. La preparación de la vacuna de la gripe varía cada año, en función de los virus gripales, es segura y tiene unos efectos adversos mínimos4.
El Ministerio de Sanidad ha incrementado este año 2020 los objetivos de cobertura antigripal, en línea con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Para la presente campaña, se ha fijado como meta alcanzar o superar el 75% de vacunación entre los mayores de 65 años, frente al 60% de la campaña 2019-2020. También se quiere alcanzar un 75% entre el personal sanitario y socio sanitario, así como superar el 60% en embarazadas y personas con condiciones de riesgo.
Este año vacunarse contra la gripe es especialmente importante, porque el coronavirus COVID-19 continúa circulando. La coexistencia de la epidemia de la gripe y la pandemia de la COVID-19, dos infecciones que pueden producir síntomas similares y que afectan de manera más grave al mismo grupo de personas, puede suponer un riesgo más grande para estas personas y comportar una sobrecarga importante del sistema sanitario4, que actualmente dedica la mayor parte de sus recursos materiales y humanos a la lucha contra la pandemia.
Hay que hacer hincapié en los riesgos importantes de la gripe para determinadas poblaciones que sufren enfermedades crónicas frecuentes como los diabéticos, para los cuales se multiplica por tres el riesgo de ser hospitalizados; los que padecen enfermedades cardíacas, que tienen cinco veces más probabilidades de sufrir un nuevo ataque cardíaco tras esta infección respiratoria y los que padecen enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), que constituyen el grupo de riesgo número uno asociado a la mortalidad de esta enfermedad.
Gracias a la vacuna de la gripe se evitaron un 26% de hospitalizaciones en mayores de 64 años durante el otoño-invierno del periodo 2019-2020, un 40% de ingresos en una UCI y un 37% de muertes, según datos del Ministerio de Sanidad.
En relación a los riesgos de la gripe para los enfermos de COVID-19, la evidencia reciente muestra que la mortalidad de los enfermos de COVID-19 puede duplicarse cuando también están infectados por el virus de la gripe, según indica el Ministerio de Sanidad en una nota publicada recientemente. De ahí la importancia de la vacunación antigripal para disminuir la probabilidad de complicaciones por gripe.
Los colectivos con mayor posibilidad de sufrir complicaciones por gripe, como las personas con patologías de base, sobre todo cardiovasculares, las personas mayores de 65 años y las mujeres embarazadas son los grupos a los que se aconseja la vacunación cada año.
También se recomienda que se vacunen de la gripe los colectivos con capacidad de propagar la gripe hacia los más vulnerables, como son las personas que trabajan en residencias o el personal socio sanitario.
En este sentido, llamar la atención sobre las residencias socio sanitarias, que han concentrado la mayor morbimortalidad durante esta pandemia (entre el 30 y el 60% de las muertes registradas en diferentes países de la Unión Europea), y la importancia de la vacunación frente a la gripe, tanto de los residentes en ellas como del personal que los atiende5.
Personas que han superado o padecen la COVID-19 y pertenecen a los grupos priorizados en la campaña de este año pueden vacunarse de la gripe. Si han tenido el coronavirus de forma leve o asintomática deberán vacunarse tras finalizar los días de aislamiento recomendados, mientras que en los pacientes ingresados por esta enfermedad será el personal sanitario el que establezca el momento adecuado para administrarles la vacuna, teniendo en cuenta su situación clínica, según explica el Ministerio de Sanidad.
Además, a los contactos estrechos de un caso confirmado de COVID-19 que pertenezcan a los grupos en los que se recomienda la vacunación frente a la gripe, se aconseja que se vacunen una vez superado el periodo de cuarentena si no han desarrollado síntomas.
El Ministerio de Sanidad asegura en una nota que no hay evidencia científica que justifique un mayor riesgo de infectarse por coronavirus o de padecer esta enfermedad de mayor gravedad por haber recibido una vacuna frente a la gripe.
Recientemente se ha publicado un riguroso estudio desde el punto de vista científico que establece que la vacuna frente a la gripe no aumenta el riesgo de infección por covid-196. Este estudio proporciona garantías en contra de que la especulación de que la vacuna frente a la gripe aumenta el riesgo de infección por covid-19. Asimismo, otros estudios afirman que la vacunación frente a la gripe podría asociarse con menor gravedad y menor mortalidad por covid-197-8.
La COVID-19 puede presentar inicialmente síntomas menores como fiebre, con o sin escalofríos, tos seca, dificultad para respirar, fatiga, dolores musculares, dolor de garganta, confusión, dolor de cabeza y rinorrea. El pulmón es el órgano principal afectado, lo que puede provocar insuficiencia respiratoria. La enfermedad también puede presentar síntomas atípicos como náuseas, vómitos y diarrea9.
Los síntomas más comunes de la gripe son fiebre, tos, dificultad para respirar, fatiga, dolor de cabeza, mialgia y artralgia, similares a los de COVID-199.
Los estudios demuestran que la COVID-19 puede presentarse simultáneamente con otras infecciones como la gripe, con síntomas muy difíciles de distinguir. Algunas de las diferencias se resumen en la siguiente tabla9.
| Gripe | COVID-19 | |
|---|---|---|
| Asintomático o sintomático | Los pacientes pueden ser asintomáticos debido a la inmunidad de grupo | La mayoría de los pacientes desarrollan síntomas dentro de los dos días posteriores a la infección |
| Derrame viral | 5-10 días | Hasta 14 días o incluso más |
| Severidad de la enfermedad | La mayoría de las infecciones son de leves a moderadas | Puede ocurrir enfermedad severa |
| Mortalidad | Menos de 1% | 3-4% |
| Vacunas | Vacunas disponibles; la eficacia varía de una temporada a otra | No hay vacuna disponible, se están realizando ensayos clínicos |
| Tratamiento | Oseltamivir Zanamivir Peramivir Baloxavir |
No hay tratamiento disponible, se están realizando ensayos clínicos |
| Síndrome de dificultad respiratoria aguda | Menos común | Más común |
Diferencias entre la gripe y la COVID-19
En un estudio realizado en Wuhan (China), 5 de 115 pacientes estaban coinfectados con la COVID-19 y la gripe. La mayoría tenían fiebre, tos y dificultad para respirar. Todos los pacientes coinfectados presentaban, además, dolor faríngeo. Solo uno de los pacientes coinfectados desarrolló síndrome de dificultad respiratoria aguda y requirió ventilación no invasiva. Tres de los pacientes tuvieron lesión hepática aguda y dos tuvieron diarrea9.
Más allá de la campaña de inmunización contra la gripe es de igual importancia garantizar la inmunización contra el neumococo en pacientes mayores y enfermos crónicos, y la inmunización contra la tos ferina de las embarazadas en el contexto de la COVID-193.
La vacunación frente al neumococo es una herramienta fundamental para evitar las consecuencias de la posible coinfección por estos microorganismos, especialmente en personas que pertenecen a grupos de riesgo5.
Por otra parte, las notas del Ministerio de Sanidad del 25 de marzo y del 14 de mayo priorizan la vacunación frente a la tos ferina en las embarazadas como una de las inmunizaciones que no hay que abandonar durante el confinamiento5.
“La vacuna debe proporcionar un contorno altamente favorable del beneficio – riesgo; con eficacia alta, solamente efectos adversos leves o transitorios y ninguna dolencia seria”, según ha declarado la OMS. La vacuna debe ser adecuada para todas las edades, mujeres embarazadas y lactantes y debe proporcionar un inicio rápido de la protección con una sola dosis y conferir seguridad durante al menos un año.
La vacuna contra la COVID-19 se encuentra actualmente bajo investigación. El proceso de desarrollo de una vacuna es laborioso e incluye varias fases. Científicos de todo el planeta se enfrentan al reto de acelerar este proceso, garantizando en todo momento la seguridad de la vacuna. La efectividad y seguridad de la vacuna es solo uno de los retos a los que se enfrentan. El segundo desafío es fabricarla a gran escala y, el tercero, asegurar campañas masivas de vacunación.
Con fecha 19 de octubre, la última referencia en la que la OMS aporta datos, el organismo internacional reconoce 154 proyectos que ya han encontrado un candidato a vacuna y se encuentran en fase preclínica. Además, otros 44 que la han superado y están en fase clínica, con pruebas en humanos. De ellos, diez están en fase 3, previa a la comercialización, como se observa en la siguiente gráfica10.
En suelo europeo, el proyecto más importante es el del Instituto Jenner de la Universidad de Oxford (Reino Unido), en el que participa la compañía farmacéutica AstraZeneca. La Comisión Europea ha firmado un contrado con AstraZeneca para el suministro de hasta 300 millones de dosis de la vacuna. España se ha asegurado más de 30 millones de dosis.
En Estados Unidos, se investiga la vacuna de Moderna, la de Janssen, propiedad del gigante Johnson & Johnson, la de Novavax y la de Pfizer (conjuntamente con Alemania).
En China existen las propuestas Sinovac, los proyectos Sinopharm (Wuhan) y Sinopharm (China), y la vacuna de CanSino Biological Inc. del Instituto de Biotecnologías de Pekín (China).
En Rusia se está desarrollando la vacuna por parte del Gamaleya Research Institute.
La percepción frente a esta nueva infección para la que no existe vacuna y ante la cual la población no es inmune ha hecho que exista un reclamo popular de la vacuna que, desde el campo de la vacunología, debemos transferir socialmente para dar valor a las vacunas conocidas y al acto vacunal en los pacientes pertenecientes a los grupos de riesgo5.
Es, por tanto, un momento único para revitalizar la confianza en las vacunaciones, en la que el trabajo activo de los profesionales sanitarios como elemento facilitador de la vacunación, los ciudadanos como eje fundamental para obtener la protección comunitaria y los investigadores como protagonistas para el desarrollo de nuevas vacunas desempeñarán un papel crucial5.
Disponer de uno o varios preparados vacunales efectivos, y sobre todo seguros, frente al covid-19 puede proporcionar la suficiente confianza como para disipar la reticencia frente a esta y el resto de las vacunas si se acompaña de transparencia informativa y de campañas educativas que integren a los gobiernos, los profesionales sanitarios, las agencias de salud pública y los medios sociales5.
Fuentes de información: